miércoles, 16 de julio de 2014

Alternativas a los antibióticos

    ¿Que es lo que conduce a la evolución de una bacteria inocua para el organismo a convertirse en patógena? Es muy interesante especular sobre el motor evolutivo que empuja a algunas bacterias a desarrollar características patógenas. Los animales poseemos muchísimos microambientes en nuestro cuerpo que son especialmente ricos en muchos nutrientes que potencialmente están siendo desaprovechados por la comunidad microbiana. Cientificos de la universidad de Washington han publicado este mes un review en la revista Cell en el que hacen reflexiones muy interesantes sobre este tema. Ellos nos intentan explicar su visión sobre los mecanismos adaptativos desde un punto de vista genético y funcional de muchos microorganismos patógenos que son especialistas en utilizar ciertas moléculas de nuestro cuerpo como comida. Lo que resaltan estos científicos es como no se le ha dado la importancia debida a este fenómeno como herramienta para la lucha contra organismos patógenos.

    En el cuerpo humano existen más o menos 10 veces más células bacterianas que humanas. Esto quiere decir que somos unas 9 partes de bacteria por cada parte humana. (somos mucho más bacteria que humano). Mantenemos una estrecha relación con estos mini bichitos y de hecho nos mantienen vivos. Los organismos patógenos compiten con nuestra microbiota normal, muchas veces desplazándola. Los patógenos "sienten" las concentraciones de los diferentes nutrientes y se alojan en el lugar preciso que más les beneficia.

    Existen muchos ejemplos de patógenos que utilizan nutrientes específicos en nuestro cuerpo. Helicobacter pylori es una bacteria capaz de resistir ambientes extremadamente ácidos (pH 2) como por ejemplo nuestro estómago. En el estómago las paredes de nuestros epitelios secretan urea. Las bacterias como Helicobacter pylori necesitan tener genes de enzimas ureasas para ser capaces de consumir urea y de este modo sacar una ventaja adaptativa al hecho de vivir en tal extremo ambiente. El amonio generado tras la descomposición de la urea es una fuente de nitrógeno muy buena para ellas que además neutraliza la acidez estomacal y le da a la bacteria un microambiente neutro perfecto para su supervivencia, causando también daños en el hospedador. La ureasa entonces es un factor genético necesario para que Helicobacter pylori pueda colonizar nuestro estómago y hacernos enfermar. Es muy interesante el hecho de que sólo las bacterias del género Helicobacter que colonizan el estómago poseen toda la batería de genes necesarios para que la enzima ureasa funcione bien. Cada bacteria ha desarrollado las "armas metabólicas" que necesita.
Fotografía de una bacteria Helicobacter pylori
    Esto nos está diciendo que no solo debemos preocuparnos de los genes de resistencia a antibióticos, sino que existen también factores metabólicos que son importantes para la virulencia de algunos patógenos. En el futuro se desarrollarán terapias que actúen selectivamente contra estos factores. Por ejemplo si consiguiésemos suprimir la actividad de las enzimas ureasas, podríamos luchar específicamente contra Helicobacter pylori en su estado infeccioso porque en principio no existen más bacterias en nuestro cuerpo que necesiten de esta actividad enzimática.

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