viernes, 1 de agosto de 2014

Sobre las avispas, el veneno y el cáncer

    Las avispas son probablemente uno de los insectos más conocidos en todo el mundo. Pertenecen al orden Hymenoptera y son temidas (pese a sus escasos dos centímetros de tamaño) y profundamente odiadas por mucha gente debido a sus dolorosas picaduras. La mayoría de las diferentes especies de estos pequeños seres son pseudoparásitos o predadoras, por lo que tienen un papel ecológico muy importante allá donde viven y en ocasiones son utilizadas como un control de plagas natural. A pesar de lo que la gente piensa, las avispas tienen en ocasiones un papel polinizador muy específico, como por ejemplo en el caso de la higuera, cuyas flores solamente son polinizadas por una especie de avispas en concreto.

Dibujo hiper realista de una avispa común

    Existen especies de avispas errantes solitarias que viven normalmente solas, pero lo común es encontrarse con especies de avispas que habitan colonias estacionales (activas en meses calurosos) en las que viven unos 3000-6000 miembros por norma general. La reina pasa el invierno en un estado de letargo y por la época primaveral comienza la construcción del nido y pone huevos para formar la prole de obreras que serán el primordio del núcleo comunal. Un dato interesante es que las avispas se encuentran habitando absolutamente todo el globo terráqueo, excluyendo los polos.

    Las avispas generan en sus glándulas venenos para defenderse de depredadores y cazar a sus presas, y éstos constituyen uno de los mas potentes alérgenos que existen en el mundo natural. Pueden causar reacciones anafilácticas graves a personas susceptibles. Éstos venenos son una mezcla de diferentes sustancias, como aminas vasoactivas, péptidos y proteínas de carácter enzimático. Éstos componentes del veneno son moléculas que la evolución ha seleccionado específicamente para causar reacción inflamatoria, dolor, vasodilatación y destrucción celular.

    Al ser organismos sociales, las avispas han desarrollado mecanismos de comunicación sorprendentes. Uno de ellos tiene que ver con una feromona llamada N-3-metilbutilacetamida. Las avispas almacenan esta molécula en sus sacos del veneno y la sueltan en el ambiente cuando pican o cuando mueren. Esta feromona es un sistema de alarma que las demás avispas (incluso avispas de diferentes especies) sienten y  se preparan para un ataque colectivo. Por esta razón es aconsejable no quedarse quieto mucho tiempo en el mismo lugar en el que una avispa ha picado o ha muerto si no se quiere recibir más picotazos de sus amigas.
Estructura química de la N-3-metilbutil acetamida

    Las avispas tienen un patrón de colores amarillentos que alertan a otros seres de su peligrosidad intrínseca. En un estudio de varias universidades andaluzas han concluido que de hecho existe una relación directa entre la intensidad de la coloración en el abdomen de las avispas y el grado de toxicidad que presentan sus picaduras. Las avispas con colores más vivos son más venenosas, y de algún modo la naturaleza nos avisa de ello (o nuestros sentidos se han adaptado para distinguir la peligrosidad).
Relación entre el tamaño de la glándula del veneno y la intensidad de la coloración de la avispa


    No solo vamos a destacar la capacidad destructiva de estos insectos, ya que también existen numerosos estudios que resaltan la capacidad de ciertas toxinas extraídas de avispas para luchar contra determinados cánceres (por ejemplo el cáncer renal, pulmonar, próstata, bazo o mama). Algunos péptidos como la melitina (que de hecho es el componente mayoritario en el veneno de avispa) o la fosfolipasa A2 son los candidatos más activos y más prometedores en un futuro cercano. También se ha comprobado que las avispas producen en sus venenos algunos péptidos con actividad antibiótica, quizás para preservar el cuerpo de sus presas antes de darse el banquete. En el futuro podremos utilizar estas sustancias para desarrollar nuevos químicos que nos ayuden en nuestra lucha contra algunas bacterias patógenas.

Representación tridimensional de la melitina



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