domingo, 26 de octubre de 2014

Transmisión de la gripe y Clima

     En estos días en los que un virus (Ébola) azota mediáticamente España y al mundo entero alcanzando hasta pilares políticos, me gustaría dedicarle un rato de mi tiempo y atención a ese pequeño mundo microscópico que a veces es responsable de dejarnos unos días encamados y tosiendo. Como llevo unos días discutiendo con varias personas ésto, me gustaría compartir con vosotros algunas inquietudes acerca de las gripes y resfriados comunes que todos conocemos, odiamos e intentamos evitar a toda costa.

     La gran mayoría de gente relaciona de un modo automático los resfriados y la gripe con la exposición al frío. A todos nosotros alguna vez nuestra madre o abuela nos ha insistido en que nos abrigásemos más, que nos pusiéramos la bufanda porque era invierno, y todo el mundo sabe que en invierno hace frío y el frío es responsable directo de coger una gripe o resfriado. (No voy a ser yo el que diga que el frío no altera nuestro estado fisiológico, ya que sería una blasfemia, y entiendo igual que todos vosotros que pasar frío a propósito no es una actividad coherente ni buena). Pero quizás la razón para abrigarse no sea concretamente la de defenderse contra la gripe. Intentaré explicarme.

     En las regiones templadas las epidemias de gripe se repiten con marcada estacionalidad: en el hemisferio norte la temporada gripal se extiende desde noviembre a marzo, mientras que en las epidemias del hemisferio sur de últimos de mayo a septiembre. A pesar de que la estacionalidad es una de las características más conocidas del virus, también es uno de los menos comprendidos. El hacinamiento en interior en clima frío, las fluctuaciones estacionales en las respuestas inmunitarias del huésped y los factores ambientales, incluyendo la humedad relativa, la temperatura y la radiación UV han sido sugeridos para dar cuenta de este fenómeno, pero ninguna de estas hipótesis ha sido probada directamente. Tengo que reconocer que siempre he tenido curiosidad por saber la verdad con respecto a este tema, ya que no me gusta nada la idea de abrigarme gratuítamente de un modo automático y pensar que quizás me estoy protegiendo de unos pequeños seres a los que mis escudos no afectan. Además me parece muy interesante el fenómeno del mito masivo, cuando un bulo trasciende y se convierte en verdad asumida en alguna época de la historia, como la existencia de un Dios supremo o la teoría del geocentrismo.

     Cuando un fenómeno ocurre siempre a la vez que otro, el ser humano tiene una tendencia natural a correlacionarlo  y creerse esa correlación inventada. Pondré un ejemplo. Si nos fijamos en el número de helados que la gente consume en un determinado momento podríamos encontrar una correlación positiva muy curiosa con el número de ahogamientos. Un necio no tardaría en concluir razonadamente que comer helados hace que te ahogues más fácilmente. Lo que realmente ocurre es que cuando la gente come helados normalmente coincide con épocas de calor, en las que la gente también toma más baños, lo que conduce a que probabilísticamente haya más ahogamientos. Ocurre algo muy parecido con las tradiciones orales que hablan acerca de la transmisión de los virus de la gripe y el resfriado común relacionándolas con el frío y el sistema inmunológico.

     Para empezar me gustaría aclarar de que tipo de agentes patógenos estamos hablando. La gripe es producida por el virus influenza que es de tipo ARN, perteneciente a la familia Orthomyxoviridae. Lo que llamamos resfriado común, que es algo así como una gripe floja, es producido por Rhinovirus, virus también de ARN de la familia Picornaviridae. Hay que tener en cuenta que la gran mayoria de resfriados son producidos por Rhinovirus, y éste es el agente patógeno vírico más comun en humanos. Aunque en la práctica el diagnóstico de uno u otro sea básicamente irrelevante ya que se curan en la mayoría de los casos sin ayuda médica, no debemos confundir conceptos ya que son dos agentes víricos bien diferenciados. Por estadística, cuando en invierno tienes dolor de cabeza, cansancio, tos o mocos, es muy probable que uno de éstos dos bichos esté en tu interior.

Representación gráfica de ambos viriones


     En mi afán por revelar la verdad absoluta (;-)), he hecho una búsqueda bibliográfica y he encontrado algunos artículos que tratan el tema de la posible asociación entre la gripe y los resfriados con pasar frío (y bastantes lagunas por el medio). En líneas generales todo apunta a que muchas de las teorías populares son hasta cierto punto irreales, aunque con cierta base real. 

     He encontrado un estudio que apoya una relación entre someter el cuerpo a bajas temperaturas y coger un resfriado. El artículo es ciertamente muy gracioso así como la metodología, no tiene desperdicio. Lo que hicieron los investigadores fue meter literalmente los pies de los sujetos experimentales en barreños de agua helada, para posteriormente realizar un seguimiento y comprobar la susceptibilidad a resfriarse. La conclusión que sacaron fue que sí existía una pequeña relación positiva entre meter los pies en hielo y resfriarse. Los propios autores al final del artículo señalan que es posible que los cambios producidos en los vasos sanguíneos nasales (vasoconstricción) debidos al cambio de temperatura corporal faciliten la entrada y replicación de los viriones y dificulten la actividad natural del sistema inmunológico. Aunque la idea del artículo no es mala del todo, el procedimiento experimental y el resultado deja mucho que desear y muchos cabos sueltos.
  
     Un estudio que me pareció particularmente revelador fue publicado en 2007 por la escuela de medicina de Mount Sinai en Estados Unidos.  Estos científicos utilizaron conejillos de indias como modelo para demostrar que la propagación de virus de la gripe depende tanto de la humedad relativa  en el ambiente como de la temperatura. Experimentos indicaron que en condiciones frías y secas se favorece la transmisión de los viriones. Ésto resulta fácilmente creíble ya que las partículas víricas se desplazan entre los diferentes huéspedes en forma de aerosoles. No me resulta díficil de creer que una partícula extremadamente vulnerable como es un virus, sufra los cambios en éstas variables como cataclismos para su ciclo vital. Uno podría pensar que, como la tradición oral cuenta, el estado inmunológico de las personas varía al ser sometidas a cambios de temperatura y humedad. Los investigadores, para comprobar si así era, determinaron niveles de expresión de genes mediadores de respuestas innatas en el tracto respiratorio superior, que se conoce que son buenos indicadores del estado inmunológico. Como podréis adivinar, éstos descubrieron que los niveles de expresión eran idénticos en las diferentes humedades y temperaturas, lo que en principio nos sugiere que el sistema inmunológico es presumiblemente estable en ese rango de humedades y temperaturas.

Los viriones presentan diferentes estabilidades a diferentes niveles de humedad


     Aunque la epidemiología de la influenza estacional está bien caracterizado , las razones subyacentes de propagación predominante invierno son difíciles de averiguar sin experimentos como éste, pero nada parece asociar la mayor susceptibilidad con cambios fisiológicos en el cuerpo humano, sino con unas mejores condiciones físicas en el ambiente para la propagación de los viriones. Lo que conocemos seguro a ciencia cierta es que lo único que puede causar gripe o un resfriado son partículas víricas, independientemente de todas las demás teorías. El simple hecho de pasar muchísimo frío, o pasar una semana entera con ropa húmeda viviendo dentro de un glaciar jamás puede desencadenar en estas dos enfermedades si no te enfrentas a partículas víricas en las condiciones ambientales adecuadas para su propagación.